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domingo, 10 de septiembre de 2017

Mensaje en una botella (en el océano cósmico) Julián Gómez Cambronero, nos recuerda los 40 años de aventura del Voyager



Se cumple en Septiembre de 2017 el 40 aniversario del lanzamiento de 2 naves que significó un hito, irrepetible, en la investigación espacial de nuestro Sistema Solar
El “mensaje en una botella” en el inmenso océano cósmico

El Voyager (“Viajero”), fue una misión de la NASA consistiendo en 2 naves gemelas, Voyager-1 y Voyager-2, enviadas en 1977 a explorar los 4 planetas exteriores: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno en un gran viaje (el llamado Gran Tour) para luego seguir en las profundidades interestelares recopilando datos y enviándolos a La Tierra (a sus “creadores”: en realidad, los ingenieros de la NASA). Las 2 naves visitaron Júpiter en 1979, Saturno en 1980 y 1981, y de allí siguieron rumbos diferentes: Voyager-1 hacia los confines del Sistema Solar y más allá y Voyager-2 a Urano en 1986 y Neptuno en 1989, antes de también comenzar a abandonar el Sistema Solar como su gemela.

Julián Gómez-Cambronero
EL “GRAN TOUR” POR LOS 4 PLANETAS GIGANTES.
Las naves utilizaron Júpiter y Saturno para ganar velocidad y realizaron grandes descubrimientos: Júpiter tenía anillos como Saturno. Ío, la luna más próxima a Júpiter, tenía volcanes activos que lanzaban lava a más de 200 Km. de altura. Urano era de color aguamarina, sumido en nubes de hidrogeno, helio y metano y tenía un campo magnético girado 90 grados con respecto a la eclíptica, es decir, que el polo Norte “mira” al Sol. Neptuno mostraba un color azul más intenso, que recordaba a la Tierra (era “el otro planeta azul”); con una gran tormenta como la de Júpiter, que bautizaron como la “Gran mancha oscura”. 

La nave espacial Voyager-1
Las imágenes en blanco y negro de los planetas y satélites eran recibidas en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de Pasadena California, y a finales de los 70 y durante la década de los 80, la gran época de la exploración de los 4 gigantes gaseosos, la sala de periodistas no pocas veces estuvo a capacidad completa. La NASA recibía diariamente en grandes telescopios (uno de ellos en España, en Robledo de Chavela, cerca de Madrid) imágenes las ondas electromagnéticas enviadas a través del espacio por las naves y las transformaba en imágenes (una tecnología que no nos impresiona hoy en día pero que fue pionera entonces). 

(1) Una “mota de polvo” 
En el 2012 el Voyager-1 cruzó la “heliopausa” y salió del Sistema Solar para internarse en el espacio interestelar, ese “espacio profundo” en el que está rodeado de estrellas, con el Sol una más. Se aleja a la velocidad de 14 Km. por segundo (muchísimo más rápido que la velocidad del sonido a 340 m/s, pero ridículamente más lento que la de la luz a 300.000 Km/s).

SONIDOS DE LA TIERRA.
Como si se tratase de un “mensaje en una botella” en el océano cósmico, cada una de las Voyager lleva un disco de oro (titulado “Sonidos de la Tierra”) que puede permanecer intacto al menos dos mil millones de años, y como está dentro de una funda de  oro, quizás otros dos mil millones de años más. Lleva instrucciones para su audición. En realidad es un gran disco (LP) de los antiguos de microsurco, en el que se grabaron palabras de bienvenida en 55 idiomas; “canciones” de ballenas, conciertos (Chuck Berry), música de Beethoven (la 5a Sinfonía) y 100 imágenes representativas de la Tierra.
El disco de oro con grabación de los “sonidos de la Tierra”
El disco no tiene ninguna finalidad científica, como las otras decenas de instrumentos de a bordo, pero su significado es muy profundo. Fue idea de Carl Sagan. Muchos recordarán al gran astrónomo y divulgador de la ciencia americano, autor del programa Cosmos y la película Contacto. Carl Sagan (que murió en 1996), tenía una capacidad incomparable de comunicar las maravillas del universo y el lugar de la tierra en él. "La Tierra es un escenario muy pequeño en una vasta arena cósmica", dijo. 

El disco de oro con grabación de los “sonidos de la Tierra”
Carl Sagan en 1990, mostraba en un monitor de televisión, una “foto de familia” de los planetas del Sistema Solar tomada por Voyager-1. La Tierra, que no ocupaba ni siquiera un pixel, una era una “mota de polvo suspendida en un rayo de luz”, el “punto azul pálido” como lo bautizó Sagan, “un escenario muy pequeño en una vasta arena cósmica" donde han vivido y viven todas las personas que conocemos y todas las personas de la historia. Es nuestro único hogar. 

La audiencia del disco de oro nunca fueron los extraterrestres. Es altamente improbable que en la vastedad y majestuosidad del espacio pueda ser encontrado) sino para nosotros, para los “terrestres”: era un mensaje de unidad de los habitantes del planeta Tierra, de que todos juntos presentábamos lo mejor de nuestro hogar.  
La nave espacial Voyager-1; se cumplen 40 años de su lanzamiento y ya ha abandonado el Sistema Solar
NOTA FINAL.
Las naves verdaderas enviadas desde Cabo Kennedy en 1977 siguen enviando, aun hoy (2017), sus mensajes a “sus creadores”: ingenieros de la NASA del Jet Propulsion Laboratory, en ondas que, aunque viajando a la velocidad de la luz, tardan día y medio en llegarnos. El disco de oro puede permanecer intacto quizás más de 4.000 millones de años. Nos sobrevivirá a todos… quizás sobrevivirá a cuando nuestro Sol se convierta en una Gigante Roja… Mucho después de que ni nosotros ni La Tierra exista… ¿encontrará “alguien” los Sonidos de la Tierra?.

(1) Una “mota de polvo” suspendida en un rayo de luz que apenas se ve, hacia el centro, a la derecha, es el “punto azul pálido”: La Tierra, vista desde los confines del Sistema Solar.