jueves, 7 de mayo de 2015

La tecnología y los efectos colaterales. Artículo sobre la estación de ferrocarril de Manzanares, de Walter Scorpiano, miembro de Asamblea Ciudadana de Manzanares.



La accesibilidad y el poder sacar un billete de tren en Manzanares y no morir en el intento.

Estación de ferrocarril de Manzanares (C. Real)

Quería exponer uno de los problemas que sufre la población de Manzanares, debida a la situación de exceso de tecnología en algunos casos, y falta de accesibilidad en otros casos, con el servicio de ferrocarril.

Hoy en día, con Internet se pueden hacer cosas que hace unos años eran impensables. Cada día que pasa, tenemos en la red más y mejores servicios, programas, etc…. Parece ser que allí, en la red, están todas las soluciones a nuestra dudas y a nuestras necesidades, y que gracias a ella, podemos prescindir de trabajadores.


No nos damos cuenta que hay personas mayores, personas con alguna discapacidad, que no pueden o no saben, utilizar las herramientas de internet y menos todavía pagar e imprimir un billete de tren.


Todo el mundo tenemos y hemos tenido la necesidad alguna vez, de preguntar a un empleado detrás de una ventanilla o por teléfono, para que se nos informe, o ayude en esa gestión, para que tengamos un servicio adecuado al precio del billete.

Os voy a contar la historia de Pablo, ciudadano de Madrid, que volvió a casa sin billete, después de haber salido de casa exclusivamente para comprarlo.

Estación de ferrocarril de Manzanares (C. Real)


Aquí comienza su relato:

He nacido en una aldea del norte, pero he vivido desde muy pequeño en Madrid capital. Mi hija ha encontrado novio y trabajo aquí en Manzanares. De vez en cuando vengo al pueblo a verla. En Semana Santa vine a pasar unos días al pueblo, aprovechando que mi sobrina Laura estuvo en Madrid vinimos en coche. Después de unos días con mi familia decidí ir preparando el regreso.


Un día mi nietecilla me dijo:     

-¿A dónde vas abuelo? -viéndome que cogía el bastón-

-Voy a dar una vueltecilla -le contesté- y de paso voy a la estación de tren a sacar el billete de regreso a Madrid.

-Si me esperas abuelo - dijo mi nieta- ahora más tarde voy contigo y te ayudo a sacar el billete, que tú sólo no vas a poder.

-Tranquila cariño, doy un paseo y conozco un poco más el pueblo, no te preocupes que no tengo prisa -le contesté-

Cerré la puerta y una duda empezó a rondarme por la cabeza: “ ¿que no voy a poder solo sacar un billete? Vivo en la capital y he visto ya muchas cosas, ¿qué quiso decirme con eso de que no voy a poder? En fin, la juventud”.


Con mi paso lento y con la ayuda de mi bastón, me dirigí hacia el Paseo de la Estación. Durante el trayecto encontré gente, unas personas yendo a comprar alimentos con sus carritos de la compra, otras hacia la administración de la lotería y otras allí sentados delante del Gran Teatro, observando el ir y venir de las gentes que transitan por allí para sacar un tema de conversación en la mesa de casa durante la cena.


En este pueblo la gente es muy amable y detallista. Me detuve varias veces con vecinos a hablar del tiempo y de las vacaciones, aprovechando para descansar un poco mi pierna derecha, que cuando quiere me da la lata. Continué caminando hacia la estación, despacio y mi pierna iba aguantando el trayecto.
Estación de ferrocarril de Manzanares (C. Real)


Por fin llegué. Atravesé la puerta de madera y miré alrededor en busca de una ventanilla o de alguien que me pudiera echar una mano. La ventanilla la encontré enseguida. Estaba cerrada con una verja de malla metálica con forma de rombos.    Dentro, pegados en el cristal, había unos folios que me imaginé que tendrían impresos los horarios de trenes que buscaba, pero entre los reflejos y los minúsculos caracteres, no pude leer lo que ponía.


Levanté la mirada y vi en lo alto un panel electrónico que tenía los horarios de los trenes que en ese día estaban programados.  “Eso no me sirve” – pensé-. Vi que a un lado había dos máquinas expendedoras de billetes parecidas a las que hay en las entradas del Metro en Madrid, pero a diferencia de aquellas, estas yo no las podía utilizar porque no disponían de ranura para echarles monedas. Tan solo había para pagar directamente con el móvil o con la tarjeta de crédito. “Estas tampoco me sirven, yo no tengo ni móvil, ni tarjeta, y no pienso tener ni de lo uno, ni de lo otro, así vivo mejor”

Decidí pasar al otro lado de las vías, pues pensé que habría alguien trabajando. Me acerqué a unas escaleras que hay a la derecha y vi que había una de esas plataformas que suben y bajan personas con alguna discapacidad o problemas de movilidad reducida.  Acerqué la cara a las teclas del mando y vi que no podía subirme allí solo y de nuevo pensé: “y si este artefacto se para a medio camino ¿qué hago? ¿Pego un salto?”. Decidí bajar lentamente con la ayuda de mi bastón, crucé un corto pasillo y volví a subir al otro lado de las vías.


Estación de ferrocarril de Manzanares (C. Real)
Cuando subí el último peldaño, encontré frente a mí la cristalera que había visto desde el otro lado, y me di cuenta de que ya no hacía falta dar más pasos. La cristalera estaba totalmente forrada con un papel de color marrón y no había nadie para atender a los viajeros, además no había ni una hoja informativa, sólo una cristalera grande forrada de papel como cuando un autónomo cierra su negocio.


En ese momento comprendí que es lo que mi querida nieta me quiso decir. 


Estos no son mis tiempos, aquellos en donde se mandaba a los abuelos a hacer recados. Pero si me pregunto: “¿Es tan difícil pensar que no todas las personas sabemos o queremos estar al día en las tecnologías? ¿Es tan difícil complementar ambas cosas?”. La gente que lo desea puede hacerlo a través de la tecnología y los que preferimos o necesitamos que alguien nos despache el billete, nos informe, asesore y nos acompañe porque tenemos dificultades de algún tipo deberíamos también tener esa posibilidad.
Estación de ferrocarril de Manzanares (C. Real)


La sensación que nos queda es la de la frustración y a mi edad encima la de que ya no somos capaces ni de sacar un billete de tren o de saber hacer una llamada de teléfono.


De regreso a casa de mi hija fui pensando en que historia inventar para no explicar lo sucedido. Cuando mi nieta me preguntó si había sacado el billete le dije:     “Al final no llegué hasta la estación, encontré a una persona por el camino y estuve charlando con él un buen rato, sentados en un banco. Si quieres mañana vamos juntos y lo hacemos querida nieta”


Dirijo esta historia a quien corresponda. Creo que sería bueno que pensaran en la situación de esta estación y al mismo tiempo en el bien común para todas las personas y no sólo en el de unas. ¿Es tan difícil lo que les pido?...

Walter Scorpiano.
Asamblea Ciudadana de Manzanares.

1 comentario:

  1. ES MUY CIERTO LO QUE DICE ESTE SEÑOR,PUES ESTO OCURRE EN TODAS LAS ESTACIONES Y NO TODO EL MUNDO ESTA PREPARADO PARA ENTENDER ESTAS MAQUINAS Y NO HAY NADIE QUE TE AYUDE.

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