miércoles, 22 de julio de 2026

El Ayuntamiento pide al Consorcio RSU que en verano aumente la frecuencia de recogida del contenedor marrón

El Consistorio detecta un uso inadecuado de los nuevos contenedores y recuerda a la ciudadanía qué debe depositar en ellos.

Solo se recoge una vez a la semana y provoca malos olores

Poco más de un mes ha pasado desde la instalación de los 44 nuevos contenedores marrones en las calles de Manzanares. Tras este periodo inicial, el Área de Medio Ambiente realiza un balance de su funcionamiento y los resultados no son los esperados. El Ayuntamiento ha detectado que estos recipientes se están utilizando de forma incorrecta, a lo que se suma un problema de salubridad por la baja frecuencia de retirada de los desechos.


Actualmente, el Consorcio RSU de Ciudad Real realiza la recogida de estos biorresiduos solo una vez a la semana, concretamente los jueves. Ante las altas temperaturas del verano, esta periodicidad resulta insuficiente para evitar la descomposición de la materia orgánica y la generación de olores desagradables. Según explica la técnica municipal de Medio Ambiente, Sagrario Camacho, “desde el Ayuntamiento hemos trasladado al RSU que esto es una deficiencia que deberían solventar porque consideramos que en verano, una vez a la semana, es poco para evitar olores”.

La previsión inicial que el Consorcio RSU trasladó al municipio incluía una recogida semanal en invierno y dos durante los meses de verano. El incumplimiento de esta segunda frecuencia, unido a que los contenedores permanecen con ambas tapas practicables, facilita que se acumule basura fuera de los recipientes o que se depositen residuos de gran tamaño que no corresponden a esta fracción.

Uso incorrecto


Otro de los retos principales es la concienciación ciudadana. El personal técnico observa que muchas personas utilizan el contenedor marrón como si fuera el contenedor gris del resto de basuras. “La realidad es que la ciudadanía se ha encontrado con un contenedor nuevo en la calle y el uso que estamos detectando es como si fuera el de un contenedor igual al de la fracción resto”, lamenta Camacho. En las inspecciones se han hallado desde ropa, envases y plásticos hasta cartones, elementos que deberían ir a sus respectivos puntos de reciclaje.


Para que el proceso de economía circular funcione y los restos se transformen en compost de calidad, es vital separar solo los biorresiduos. La técnica municipal insiste en que el objetivo es recoger exclusivamente los residuos orgánicos que se generan en casa. Sagrario Camacho recuerda que “residuos de origen sanitario, como por ejemplo toallitas, tiritas, pañales o compresas” no van en este contenedor. Todo ese tipo de residuos tienen que ir al contenedor gris que es el de fracción resto.

¿Qué depositar en el contenedor marrón?


El Ayuntamiento de Manzanares recuerda que este contenedor es para restos de plantas, de fruta, verdura, carne, pescado (huesos y raspas incluidas), posos de café, infusiones, cáscaras de huevo, frutos secos y tapones de corcho natural. También se admite el papel de cocina usado y las servilletas sucias. Por el contrario, queda prohibido arrojar excrementos, arena de gato, colillas, mascarillas, tiritas, cristales o polvo de barrer.

La meta es alcanzar el 65% de reciclaje para el año 2035, un objetivo que solo se logrará con la colaboración de toda la ciudadanía y con una recogida periódica que garantice la limpieza y la salubridad en las calles.




Desde el día 5 y hasta el 21 de Agosto se pueden presentar las fotografías para la XX Edición de los Premios Manzanares de fotografía

 






Cuidar a quien cuida para humanizar la dependencia

La trabajadora social Beatriz Criado analiza el impacto del “cuidatoriado” y subraya el acompañamiento de los Servicios Sociales municipales a quienes desempeñan esta labor

Campaña ‘12 meses, 12 compromisos’

El Ayuntamiento de Manzanares continúa celebrando las cuatro décadas de trayectoria de sus Servicios Sociales a través de la campaña ‘12 meses, 12 compromisos’. En esta ocasión, en la entrega del mes de julio la trabajadora social Beatriz Criado pone el foco en el rostro humano de la dependencia y la necesidad de visibilizar la labor de quienes sostienen los cuidados diarios en el ámbito familiar.


Bajo el título ‘Cuidar a quien cuida: acompañar la dependencia desde lo humano’, Beatriz Criado destaca en el artículo del mes de julio de la campaña ‘12 meses, 12 compromisos’ que detrás de cada persona dependiente existe casi siempre un familiar que entrega su tiempo sin horarios. En su análisis, la profesional introduce el concepto de “cuidatoriado”, un término de la socióloga María Ángeles Durán para definir a esta nueva clase social cuya ocupación principal es cuidar de otros sin remuneración y con escaso reconocimiento. Según Criado, si bien este rol es asumido en mayor medida por mujeres, cada vez se habla más de “familias cuidadoras”.

La trabajadora social advierte que el cuidado continuado puede derivar en lo que se conoce como el síndrome del cuidador quemado, caracterizado por agotamiento físico, emocional y psíquico. Este estrés crónico suele manifestarse mediante irritabilidad, tristeza o sentimientos de culpa por dejar de lado esferas personales como la vida social o la pareja.


Especial atención recibe la denominada ‘generación sándwich’, compuesta por personas de entre 45 y 65 años que deben compaginar simultáneamente el cuidado de sus hijos y el de sus padres o familiares mayores. Este grupo afronta una elevada sobrecarga emocional y económica, al tener que postergar sus propios proyectos vitales para atender las necesidades de apoyo en ambos extremos del ciclo vital.

Un espacio seguro frente a la soledad


Frente a esta realidad, los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Manzanares ofrecen un abanico de apoyos que van más allá de la gestión de expedientes o el servicio de Ayuda a Domicilio. El equipo multidisciplinar, del que forman parte trabajadoras sociales, educadoras y personal administrativo, trabaja para crear “espacios seguros y libres de juicios” donde las familias puedan expresar sus miedos y dudas.

En este sentido, el centro ‘Casa Josito’ promueve encuentros entre personas cuidadoras, para romper el aislamiento, compartir experiencias y tejer redes de apoyo comunitario. “Cuidar no debería recaer únicamente en una persona o familia; es una responsabilidad colectiva que los servicios públicos debemos abanderar”, afirma la profesional. Beatriz Criado recalca que “para cuidar bien, también hay que cuidarse” y que pedir ayuda no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad.

 

ARTÍCULO DEL MES DE JULIO:

Cuidar a quien cuida: acompañar la dependencia desde lo humano

Beatriz Criado Maeso. Trabajadora Social de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Manzanares

 

En el día a día de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Manzanares convivimos con historias de vida que nos hablan de amor, compromiso y también de agotamiento. Detrás de cada persona en situación de dependencia hay casi siempre un familiar cuidador que sostiene, acompaña y entrega su tiempo sin horarios ni descansos o sin esperar nada a cambio.

Como trabajadora social del equipo de dependencia, me encargo de la gestión de la solicitud de reconocimiento de la situación de dependencia (Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia) y junto a los profesionales del Servicio de Ayuda a Domicilio, de la gestión de dicha prestación. Pero nuestra labor va mucho más allá de tramitar expedientes o coordinar recursos. Nuestra tarea principal es escuchar, orientar y caminar al lado de las familias en momentos que no siempre son fáciles. Poner en valor, visibilizar y reconocer la labor que desempeñan las personas cuidadoras, un trabajo imprescindible que, sin embargo, continúa siendo en gran medida invisible y que genera desigualdades entre hombres y mujeres.

En este contexto, resulta especialmente relevante el concepto de "cuidatoriado", acuñado por la socióloga María Ángeles Durán para definir a la nueva clase social formada por aquellas personas cuya principal ocupación es cuidar de otras —personas mayores, personas con discapacidad, personas enfermas o menores—, generalmente sin remuneración económica y con escaso reconocimiento social. A través de este neologismo, inspirado en términos como proletariado, Durán pone de manifiesto la invisibilidad de quienes sostienen los cuidados cotidianos y reivindica la necesidad de reconocer el enorme valor social y económico de este trabajo. Como expone en su obra La riqueza invisible del cuidado, si el conjunto de estos cuidados tuviera que ser asumido por el mercado laboral, representaría una parte muy significativa de la economía.

Cuidar a un ser querido suele hacerse desde el cariño y la responsabilidad. Nadie duda de ello. Sin embargo, con el paso del tiempo, el cuidado continuado puede generar una importante sobrecarga emocional y física. El deterioro progresivo de la persona en situación de dependencia, personas enfermas, personas con discapacidad o niños, los cambios de conducta, de roles, el dejar de ser de quien te enamoraste o formaste un proyecto de vida en común, la falta de descanso o la renuncia o aplazamiento de proyectos personales, laborales o sociales, acaban pasando factura.

La psicóloga Mónica Durán y el investigador Steven Zarit, creador de la conocida Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit, ya señalaron que el cuidado prolongado puede producir estrés crónico, ansiedad, tristeza e incluso problemas de salud física. A esto se le ha llamado el síndrome del cuidador quemado. No es falta de amor: es agotamiento.

Como también recordaba Joan Tronto, referente en la ética del cuidado, “cuidar es una responsabilidad colectiva”. No debería recaer únicamente en una persona o en una familia. La comunidad y los servicios públicos tenemos un papel esencial para sostener ese cuidado. Compromiso que tenemos muy presente y del cual queremos ser bandera.

Ahí es donde entramos los Servicios Sociales.

Nuestro trabajo consiste en valorar la situación de dependencia, informar sobre derechos y prestaciones, gestionar apoyos como la ayuda a domicilio o la teleasistencia, tramitar recursos de alojamiento alternativos cuando son necesarios y, sobre todo, acompañar en la toma de decisiones. Decisiones que muchas veces duelen: es duro abrirte y difícil pedir ayuda externa, solicitar recursos, mostrarte vulnerable o el simple hecho de reconocer que “solas ya no se puede”.

A menudo las familias llegan con un gran sentimiento de culpa, dudas, miedos y reproches hacia sus familiares y como no hacia ellos y el Sistema. Nuestro papel es ofrecer claridad y empatía. Escuchar sin juzgar. Explicar opciones, buscar alternativas y recordarles algo fundamental que “para cuidar bien, también hay que cuidarse”. Y en muchas ocasiones da vértigo, como profesional, escuchar: “mamá no te preocupes, aquí nos van a ayudar…”, sabiendo que no tenemos respuesta para todo o la posibilidad de acceso a recursos de forma inmediata, pero sí ofrecemos un espacio seguro donde exponer sus miedos, dudas, y, donde poder llorar y ser escuchados, intentando dar claridad en esa tormenta donde muchas parecen estar atrapadas sin ver salida ni luz. A veces, una conversación a tiempo, una orientación adecuada o simplemente sentirse comprendida marca una gran diferencia.

Trabajar en dependencia es, ante todo, trabajar con personas. Con sus emociones, sus pérdidas y también con su enorme capacidad de entrega.

Porque cuidar es importante, pero cuidar a quien cuida es imprescindible

Porque el autocuidado no es egoísmo, es sostenibilidad.