jueves, 19 de abril de 2018

El ojo en la paja ajena. Artículo de opinión Pedro María Castellanos


·        …El concejal de empleo, se agarró a aquella suma, como si la distribución numérica del teclado de un ordenador pesara más que la distribución igualitaria de los géneros en las bolsas de empleo que financiamos todos.


Pedro María Castellanos
Todos estamos expuestos a equivocarnos. Errores sintácticos y silábicos nos acompañan a lo largo de nuestra vida como algo cotidiano y racional. El Consistorio de Manzanares no es ajeno a este principio fundamental y como seguidor fiel de los plenos puedo dar fe de que la comisión de fallos no es algo que pase de largo durante las sesiones plenarias.


En el último pleno, el del mes de marzo, una ampliación de créditos para cubrir una tensión en tesorería fue el origen de un error, provocado por un baile de números en las fechas que el documento que se estaba aprobando contemplaba. Todos los allí presentes, tanto el público, como los concejales y los funcionarios, coincidimos en que se trataba de un error que el señor secretario cometió a la hora de redactar el documento. Este error obedecía sin duda, a que el señor secretario, así como las demás personas que leyeron previamente el documento equivocado, que fueron muchas y que tampoco supieron darse cuenta del fallo, son seres humanos. 


Se podría decir entonces, que el error es un principio fundamental que nos iguala a todos, nos democratiza y nos convierte en seres humanos, ya seamos altos o bajos, ricos o pobres, hombres o mujeres. La diferencia estriba pues en la forma que tenemos que afrontar nuestros errores y, sobre todo, en cómo afrontamos y digerimos los errores ajenos. Eso es lo que realmente nos diferencia, la capacidad de comprender que el otro se puede equivocar como uno mismo. Ocurrió en ese mismo pleno, que el señor Jerónimo Romero Nieva-Lozano, concejal portavoz de UPYD, cometió un error al redactar una de las interpelaciones que ese día presentó al pleno municipal.  El error consistía, como en el caso anterior, en un baile de cifras a la hora de calcular un total. Jerónimo Romero Nieva dijo que de un total de 24 contrataciones había 22 hombres y 3 mujeres. Lógicamente 22+3 son 25 y no 24, de ahí el error, cometido probablemente por hallarse el número 4 muy cerca del 5 en el teclado del ordenador, y no porque el señor Romero Nieva, cuyo currículum es más extenso que el de muchos de los allí estábamos presentes, no supiera hacer una simple suma. Pues el señor Pablo Camacho, en posesión de la palabra, se agarró a este comprensible error para echar por tierra toda la idea principal de la interpelación, que no era otra que la de igualar, o hacer más igualitarias, las bolsas de empleo municipales. No le parecía bien la idea al señor concejal de empleo, del partido socialista, que Manzanares tuviera unas bolsas de empleo que favorecieran más la igualdad entre hombres y mujeres, como defendía el concejal de UPYD, Jerónimo Romero Nieva. Y a falta de claridad de ideas, se aferró a la anécdota y no al contenido como argumentario para sostener aquel rechazo.

No contento con eso, y tras el segundo turno de Jerónimo en el que pidió disculpas por el error, Pablo Camacho siguió mofándose y espetó: “Cada uno tiene sus maneras, usted tiene las suyas, y yo tengo las mías”.  Dejando claras cuales son las maneras que defiende uno, que de forma humilde asumió el error como un descuido en la redacción, y las maneras que defiende el otro, Pablo Camacho, que con arrogancia se agarró a aquella suma, como si la distribución numérica del teclado de un ordenador pesara más que la distribución igualitaria de los géneros en las bolsas de empleo que financiamos todos.


Por cierto, yo también cometo errores. Esta vez lo cometí a la hora de titular el artículo, pues quise decir “La paja en el ojo ajeno”, que sería la forma correcta. Espero que me disculpen, y que sus maneras, querido lector, sean más parecidas a las del señor Jerónimo Romero Nieva, que a las del señor Pablo Camacho, a la hora de entender los errores y aceptar las disculpas de quien, como usted, es un ser humano.

Pedro María Castellanos

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